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Análisis de sangre periódicos anuales en población adulta sana

Nota: Esta ficha es una recomendación para la ayuda a la toma de decisiones en la atención sanitaria. No es de cumplimiento obligado ni sustituye el juicio clínico del personal sanitario.

 

  • Las revisiones de salud en la población general adulta sana es un fenómeno que ha aumentado con los años.
  • Aunque los componentes de estas revisiones no están consensuados y pueden variar, suelen incluir la realización de un análisis de sangre y se hacen con periodicidad anual.
  • Las revisiones periódicas de salud (con o sin analítica de sangre) en personas sanas no reducen la morbilidad ni la mortalidad y aumentan el número de diagnósticos secundarios, con potencial influencia en el sobrediagnóstico y sobretratamiento.
  • No está indicado realizar análisis de sangre de manera rutinaria anual en la población adulta sana y asintomática.

En personas adultas sanas y asintomáticas no se recomienda practicar análisis de sangre periódicos anuales.

La realización de revisiones de salud en la población general es un fenómeno que se inició hace décadas y que no ha dejado de aumentar fruto de la demanda creciente por parte de los pacientes pero también de la propia inercia de los profesionales sanitarios, en parte respaldada por la existencia de programas de revisiones y cribado implantados. Aunque los componentes de estas revisiones no están consensuados y pueden variar, suelen incluir la realización de un análisis de sangre, normalmente con periodicidad anual.

El objetivo de las revisiones de salud y las analíticas realizadas de forma rutinaria en la población sana sería detectar enfermedades o factores de riesgo no diagnosticados e intentar prevenir o retrasar su inicio y mejorar su pronóstico mediante un abordaje precoz. Sin embargo, ya en la década de los años 70 y 80 las evidencias no habían demostrado beneficios claros en la morbilidad ni la mortalidad de esta práctica tan extendida. Una revisión Cochrane de 2012 concluyó que las revisiones de salud no reducen la morbi-mortalidad global, ni la relacionada con el cáncer o las enfermedades cardiovasculares, aunque aumentan el número de diagnósticos nuevos. La mayoría de los estudios seleccionados en esta revisión no aportaron datos suficientes sobre los posibles daños derivados de la realización de las revisiones, como el uso de más procedimientos diagnósticos o sus efectos psicológicos. Por lo tanto, los autores concluyeron que las revisiones generales de salud no son aconsejables. Dos revisiones publicadas en el 2014, con estudios realizados en el ámbito de la atención primaria, encontraron que las revisiones de salud se asocian a un aumento estadísticamente significativo, a pesar de que clínicamente poco relevante, del control de las variables secundarias o subrogadas, especialmente entre los pacientes de alto riesgo, pero sin poder demostrar beneficios en la morbilidad ni la mortalidad.

Por todo ello, tanto la U.S. Preventive Service Task Force (USPSTF) como la Canadian Task Force hace años que desaconsejan esta práctica. La Semfyc, en sus "Recomendaciones de No Hacer", aconseja no realizar revisiones de salud sistemáticas a las personas asintomáticas; y la iniciativa Choosing Wisely Canada, de la Canadian Medical Association, recomienda no realizar análisis de cribado anuales a menos que estén indicados por el perfil de riesgo del paciente. En este sentido, la USPSTF, la Canadian Task Force y la Semfyc recomiendan el cribado de enfermedades o factores de riesgo únicamente en las personas con un riesgo elevado para presentarlos. Esto incluye principalmente el cribado de la enfermedad renal crónica, la disfunción tiroidea, el déficit de vitamina D y las enfermedades infecciosas (hepatitis B y C y VIH). Con respecto a la diabetes y la dislipemia, las recomendaciones son similares, aunque no hay un consenso tan claro sobre la edad y el perfil de los pacientes a quienes se recomendaría el cribado. Las recomendaciones del PAPPS de 2016 proponen su cribado cada cuatro años, a partir de los 18 años en el caso de la dislipemia y a partir de los 40 años en la diabetes. En el caso del cáncer, actualmente no hay ningún marcador tumoral con las evidencias suficientes como para ser utilizado en el cribado poblacional.

En resumidas cuentas, la evidencia científica no ha demostrado que las revisiones de salud y las analíticas rutinarias sean beneficiosas en términos de salud y calidad de vida. Los datos con relación al coste-efectividad, a sus daños potenciales o los riesgos inherentes a la realización de pruebas innecesarias, como son el sobrediagnóstico y el sobretratamiento, son escasos.

En Cataluña, desde el año 2000 en la atención primaria se han hecho más de 322.442 exámenes generales, con potencial inclusión de analítica de sangre rutinaria, en personas adultas sanas sin diagnósticos informados (datos del Sistema de Información Sanitaria de la Atención Primaria -SISAP-).

En conclusión, no está indicado realizar análisis de sangre de manera rutinaria anual en la población adulta sana y asintomática, excepto en los casos en que exista un riesgo elevado por alguna de las enfermedades que se pretende cribrar, dado que no hay evidencia de sus beneficios y existen riesgos potenciales que no han sido adecuadamente evaluados.

Fecha de actualización:  30.11.2016